Continuación de Apuntes del libro "Curación Natural" de Mahatma Gandhi, acerca de la salud y de la medicina natural.

La tendencia a mirar hacía Occidente a fin de hacer progresos en cualquier cosa que hagamos, debiera ser contenida. Si es que tenemos que ir a Occidente para aprender la Curación Natural, ésta no puede ser de mucha utilidad para la India. La Curación Natural es una cosa que todos pueden practicar en sus casas. El consejo de los expertos en la Curación Natural no tendría por qué ser necesario todo el tiempo. Es una cosa tan sencilla que todo el mundo puede aprenderla. Ramanama es la base misma de la Curación Natural según yo la concibo. Tampoco tendría por qué ser necesario atravesar los mares con el fin de aprender la utilidad que tiene el empleo de la tierra, el aire, el éter, el sol y el agua. Esto es evidente por sí mismo.
Cualquiera otra clase de conocimiento que sea necesario en esta cuestión, puede encontrarse en nuestras aldeas. Por ejemplo, si se utilizan hierbas, estas hierbas tendrán que ser las que se encuentran en nuestras aldeas. Si algunos médicos ayurvédicos son unos bribones, no se convertirán en buenas personas y buenos servidores del pueblo yéndose al exterior. El conocimiento de la anatomía y la fisiología nos ha llegado de Occidente, y es muy útil y necesario para todos los médicos; pero existen abundantes medios para obtener ese conocimiento en nuestro propio país. Resumiendo: cualquiera que sea la contribución útil a los conocimientos que haya podido ser hecho por Occidente, estos conocimientos han llegado a todas partes, y pueden ser conocidos en cualquier país. Debiera agregar aquí que el conocimiento de la anatomía y la fisiología no son esenciales para aprender la Curación Natural.
Las obras de Kuhne, Just y el Padre Kneipp son sencillas, vulgares y útiles para todos. Es nuestro deber leerlas. Prácticamente todos los médicos aplicados a la Curación Natural saben algo sobre ellas. La Curación Natural no ha llegado hasta ahora a las aldeas. No hemos pensado en ella con profundidad, y a nadie se le ha ocurrido pensar en su aplicación a millones de habitantes. Esto no es más que el comienzo, y nadie puede predecir cuál habrá de ser al final nuestra posición. Como en toda empresa grande y buena, se hacen necesarios el sacrificio y la dedicación para llegar a buen fin. En lugar de fijarnos en Occidente, debiéramos de volver la antorcha hacia nuestro interior.
Harijan,. 2 de junio de 1946.


He aquí una buena broma que nos hace un amigo:
"Me pregunto si esta Curación Natural guarda alguna estrecha relación con lo que ha dado en llamarse Curación por la Fe. Naturalmente uno debiera tener fe en el tratamiento; pero hay algunas curas exclusivamente por la fe, por ejemplo, para el sarampión, los dolores de estómago. etc. En el caso del sarampión, como ustedes deben saberlo, especialmente en el Sur no se da tratamiento alguno, sino que se lo considera como el Juego Divino. Ofrecemos poojas a la Diosa Mariamma, y es casi milagroso ver cómo la mayoría de los casos tienen un buen fin. Para el dolor de estómago, aún en los casos crónicos, muchos formulan votos ante la deidad en Thirupati, y al verse curados cumplen con sus abluciones y otras obligaciones. Para darles un ejemplo apropiado, mi madre padecía del mismo dolor, y después de su visita a Thirupathi ha quedado liberada de su enfermedad.
Háganme el favor de ilustrarme sobre esto, y quisiera preguntarles por qué la gente no podría tener una fe semejante en la Curación Natural también, y ahorrarse de tener que recurrir a los médicos, quienes como lo dijo Chaucer, sostienen una sutil conspiración con el farmacéutico para que el paciente siga siendo siempre un paciente, lo cual es parte del orden natural de las cosas".

Los ejemplos que acabo de citar no son ni Curación Natural ni siquiera el Ramanama, que he incluido en ella: pero sí muestran cómo la Naturaleza cura sin ninguna clase de tratamiento en muchos casos. Son indudablemente casos que muestran cual es el papel que juega la superstición en la vida India. Ramanama, que es el corazón de la Curación Natural es enemigo de la superstición. Hombres inescrupulosos abusan de Ramanama, como lo hacen con cualquier otra cosa o sistema. La mera recitación de Ramanama de labios para afuera no tiene nada que ver con la curación. La curación por la fe, si es que se entiende correctamente, es una curación ciega tal como el amigo la describe, y por ese motivo ridiculiza el nombre viviente del Dios viviente. Este último no es una ilusión de nuestra imaginación. Tiene que salir del corazón. Es una creencia consciente en Dios, y un conocimiento de Su Ley, lo que hace que la curación perfecta sea posible sin ninguna otra ayuda. Esa ley establece que una mente perfecta es responsable de la perfecta salud del cuerpo. Una mente perfecta sale de un corazón perfecto; no el corazón que se conoce empleando el estetoscopio de los médicos, sino el corazón que es el asiento de Dios. Se afirma que el conocimiento de que Dios reside en el corazón hace que a un pensamiento impuro u ocioso le resulte imposible alojarse en la mente. La enfermedad es imposible allí donde hay pureza de pensamiento. Puede que sea difícil alcanzar tal estado; pero el primer paso en la ascensión está dado cuando eso se reconoce. El siguiente paso se da cuando se hace el correspondiente esfuerzo. Esta alteración radical en nuestra vida está naturalmente acompañada por la observancia de todas las otras reglas de la Naturaleza que han sido descubiertas hasta ahora por el hombre. Uno no puede jugar con ellas y afirmar al mismo tiempo que tiene un corazón puro. Puede decirse con justicia que la posesión de un corazón puro haría el mismo bien sin necesidad de Ramanama; lo malo es que no conozco ninguna otra forma de alcanzar la pureza. Y ése es el camino transitado por los sabios de la antigüedad en todo el mundo. Eran hombres de Dios, no supersticiosos ni charlatanes.
Si esto es Ciencia Cristiana, no tengo ningún agravio contra ella. El sendero de Ramanama no ha sido descubierto por mí; es probablemente mucho más antiguo que la era cristiana.
Una pregunta correlativa es la de si Ramanama evita operaciones de buena fe. Naturalmente no. No puede restablecer una pierna que haya sido cortada en un accidente. En muchos casos las operaciones quirúrgicas no son necesarias; pero allí donde sean necesarias, deben ser realizadas. Pero un hombre de Dios no tiene que afligirse si pierde un miembro. La recitación de Ramanama no es un método empírico ni un engaño.

Me escribe un amigo lo siguiente:
"En lo concerniente a la cura de la malaria que usted sugiere empleando Ramanama, mi problema está en que yo no comprendo cómo puedo confiar en una fuerza espiritual para mis enfermedades físicas. Tampoco estoy seguro de si merezco curarme y si se justifica que rece por mi salvación, cuando existe tantísima miseria entre mis compatriotas. El día en que comprenda a Ramanama, rezaré por su salvación: de otro modo, me sentiría aún más egoísta de lo que me siento hoy".

Esto me llega de un amigo a quien creo un afanoso buscador de la verdad. Tomo públicamente nota de su dificultad, pues es típica de muchos como él.
La fuerza espiritual es igual a cualquier otra fuerza que esté al servicio del hombre. Aparte del hecho de haber sido utilizada para las enfermedades físicas épocas enteras, con mayor o menor éxito, sería intrínsecamente erróneo no utilizarla, si puede hacérselo con éxito para la curación de enfermedades físicas; pues el hombre es a la vez materia y espíritu. y cada uno de ellos actúa sobre el otro o lo afecta en alguna forma. Si usted se libra de la malaria tomando quinina sin pensar en los millones de seres humanos que no pueden obtenerla, ¿por qué habría de negarse a utilizar el remedio que está dentro de usted mismo, por causa de que millones de personas no lo utilizan por ignorancia? ¿Acaso usted no tiene que sentirse limpio y bien, porque hay millones de otras personas que no se sienten así por ignorancia, y puede ser que hasta también por corrupción? Si usted no quiere ser limpio a causa de una falsa noción de la filantropía, habrá de negarse a sí mismo el cumplimiento del deber dé servir a millones de semejantes permaneciendo sucio y enfermo. Es seguro que negarse a sentirse espiritualmente limpio y bien, es peor que la negativa a sentirse físicamente limpio y bien.
La salvación no es nada menos ni nada más que sentirse bien en todas formas. ¿Por qué habría de negárselo a sí mismo, si en esa forma usted le enseña el camino a otros, y además de enseñárselo, está ayudándolos en razón de su idoneidad? Pero usted es completamente egoísta cuando toma penicilina para mejorarse, sabiendo con certeza que los otros no pueden conseguirla. La confusión que subyace tras los argumentos de mi corresponsal es evidente.
Lo que sin embargo es cierto, es que tomar una o varias píldoras de quinina es mucho más fácil que obtener el conocimiento del empleo de Ramanama. Involucra mucho esfuerzo, frente al simple gasto de comprar unas píldoras de quinina. Vale la pena hacer el esfuerzo en beneficio de millones en cuyo nombre y por cuya causa mi corresponsal quiere arrojar a Rama de su corazón.
Harijan, 1 de setiembre de 1946.

¿Cuál es la señal de aquel que tiene a Rama entronizado en su corazón? Si no sabemos esto, existe peligro de que Ramanama sea muy mal interpretado. Ya existen interpretaciones erróneas. Muchos juegan con rosarios, se pintan la marca sagrada en la frente y balbucean en vano Su nombre. Puede preguntarse con buenos motivos sí yo no estoy contribuyendo a la hipocresía corriente al continuar insistiendo con Ramanama. No tengo por qué frenarme por esos augurios. El silencio provocado de ese modo es dañino. La voz viviente del silencio, tiene que ser respaldada por una prolongada práctica salida del corazón. A falta de tal silencio natural? debemos tratar de conocer las señales de aquellos que llevan a Rama en sus corazones.
De un devoto de Rama, puede decirse que es lo mismo que aquel que es constante (Shita­prajna) con el Gita. Si se cava un poco más hondo se verá que un verdadero devoto de Dios obedece fielmente a las cinco fuerzas elementales de la Naturaleza. Si obedece de ese modo, no habrá de caer enfermo. Si acaso eso le ocurre, se curará con la ayuda de los elementos. No le incumbe al habitante del cuerpo hacer que éste quede curado; aquél que cree que no es más que un cuerpo, naturalmente habrá de ambular hasta los confines de la tierra para sanar al cuerpo de sus enfermedades. Pero aquél que se da cuenta de que el alma es algo aparte del cuerpo, aunque mora en él, es imperecedero por contraste con el cuerpo que es perecedero, y no se sentirá perturbado ni habrá de afligirse si fracasan los elementos. Por el contrario, habrá de recibir a la muerte como una amiga. Habrá de convertirse en su propio sanador, en lugar de salir a la búsqueda de médicos. Vivirá en la conciencia del alma que mora en su interior y buscará cuidar como primera y última cosa, del habitante.
Un hombre de esas características habrá de absorber el nombre de Dios con cada aliento. Su Rama habrá de estar siempre despierto aún cuando el cuerpo esté dormido. Rama estará siempre con él en cualquier cosa que haga. La muerte real, para un hombre tan devoto, será la pérdida de su sagrada compañía.
Como ayuda para conservar con él a su Rama, habrá de tomar lo que los cinco elementos hayan de darle. Es decir que habrá de emplear el camino más fácil y sencillo para extraer todos los beneficios que pueda del agua la tierra, el aire, la luz del sol y el éter. Esta ayuda no es complementaria de Ramanama; no es sino un medio para su realización. Ramanama en realidad no requiere ayuda de ninguna clase; pero proclamar la creencia en Ramanama al mismo tiempo que se corre en pos de los médicos, no parece que combinen muy bien.
Un amigo versado en las escrituras religiosas que leyó mis observaciones sobre Ramanama hace algún tiempo, me escribió para decirme que Ramanama es una alquimia de poder tal que puede transformar el cuerpo. La conservación de la energía vital ha sido asemejada a la opulencia acumulada, pero sólo Ramanama tiene el poder de convertirla en una corriente de fuerza espiritual siempre creciente que finalmente hace que sea imposible la caída.
Así como el cuerpo no puede existir sin sangre, del mismo modo el alma necesita la incomparable y pura fuerza de la fe. Esta fuerza puede renovar la debilidad de todos los órganos físicos del hombre. Es por ello que se dice que cuando Ramanama está entronizado en el corazón, ello significa el renacimiento del hombre. Esta ley se aplica al joven, al viejo, al hombre y a la mujer del mismo modo.
Esta creencia también puede ser hallada en Occidente, La Ciencia Cristiana nos da un vislumbre de ella. Pero la India no necesita apoyo exterior para una creencia que le ha sido entregada a su pueblo desde tiempo inmemorial.
Harijan, 29 de junio de 1947.

P.: He estado repitiendo Ramanama de acuerdo con su consejo y me estoy mejorando. Debo agregar que se está siguiendo también el tratamiento médico para la tuberculosis. Usted ha dicho, que comer poco, y sólo los alimentos adecuados, permite que un hombre sea saludable y provoca la longevidad. Yo he seguido la norma de comer abundantemente durante los últimos veinticinco años. ¿Por qué tuve que ser presa de la tuberculosis? ¿Diría usted que, yo debiera de atribuir esta mala suerte a alguna mala acción en esta vida o en la anterior?
Dice usted que un hombre puede vivir hasta los ciento veinticinco años. ¿Entonces por qué se llevó Dios a Mahadevbhai, que era tan útil para usted? Si observaba la norma de alimentarse moderadamente y seguir una dieta equilibrada, y lo servía a usted como a su Dios. ¿Por qué cayó víctima de la presión de la sangre? ¿Por qué cayó Ramakrishna Paramahamsa, a quien se considera una encarnación de Dios, víctima del cáncer enfermedad que se considera tan mortífera como la tuberculosis? ¿Por qué no pudo combatirla con éxito?
R.: Yo he estado exponiendo las reglas de la conservación de la salud en la forma que las conozco. La dieta abundante y la equilibrada no pueden ser lo mismo para todos. Cada individuo puede elaborarla para sí mismo en mejor forma apelando a las lecturas apropiadas y pensando con cuidado. Pero eso no quiere decir que el individuo no pueda cometer faltas o que su conocimiento sea completo. Es por eso que se ha dicho que la vida es un laboratorio. Uno debiera aprender de la experiencia de los otros e ir hacia adelante, y si no tiene éxito no debe culpar ni a los otros ni a sí mismo. Debiera estar bien dispuesto a aceptar que la norma está equivocada pero si después de pensarlo cuidadosamente llega a la conclusión de que cierta norma es errónea, debiera ser capaz de encontrar la que es correcta y declararlo.
En su caso particular pueden existir muchas causas que lo han llevado a la enfermedad. ¿Quién puede asegurar que usted ha hecho uso correcto de los cinco poderes (tierra, agua éter, fuego y aire) en su caso? Mientras yo siga creyendo en las leyes de la Naturaleza según las conozco, tengo que decirle que usted debe de haberse equivocado en alguna parte. En cuanto a Mahadev y Ramakrishna Paramahamsa, es más apropiado sentir que ellos deben de haberse equivocado en algo que afirmar que las leyes son erróneas. Estas leyes no las he creado yo. Son las leyes de la Naturaleza, según dicen los hombres experimentados. Yo creo en ellas. y trato de vivir a la altura de mis creencias. El hombre es después de todo una criatura imperfecta. ¿Cómo puede conocer toda la verdad? El hecho de que los médicos alópatas no crean en ellas, o si creen, sea en un sentido distinto, no me impresiona. Lo que yo he dicho no empequeñece en ningún modo la grandeza de los individuos a que nos hemos referido.
Harijan, 4 de agosto de 1946.

Refiriéndose a un trabajador del Ashram que sufrió una afección mental y se volvió violento, de modo que tuvo que ser encerrado, dijo Gandhiji: "Es un buen trabajador. Después de haberse restablecido el año pasado, cuidaba del jardín y llevaba las cuentas del hospital. Trabajaba diligentemente y se sentía feliz con su trabajo. Luego contrajo una malaria, y le dieron una inyección de quinina porque la inyección da resultados más rápidos. El dice que la inyección se le ha ido a la cabeza y es la culpable de su afección mental. Mientras trabajaba en mi habitación esta mañana lo vi yendo de un lado para otro afuera, mientras gritaba y gesticulaba. Salí y me acerqué a él. Se tranquilizó, pero en el momento que lo dejé se puso de nuevo incontrolable. También se vuelve violento, y no escucha a nadie, de modo que tuvo que ser encerrado nuevamente.
Naturalmente, me ha herido pensar que uno de nuestros trabajadores tenga que ser encerrado. Podrían preguntarme: ¿Y qué hay de su Ramanama, que usted afirma que es un curalotodo?. Aun frente a este fracaso, permítanme repetir que mi fe permanece intacta. Ramanama nunca puede fallar. Su fracaso sólo podría ser motivado por una falla de nuestra parte. Debemos buscar la causa del fracaso dentro de nosotros mismos.
Harijan, l° de septiembre de 1946.


Charlas después de la oración

En su charla de hoy Gandhiji explicó las condiciones por las cuales únicamente Ramanama puede erigirse en un remedio eficaz. La primera condición fue la de que Ramanama tiene que surgir del corazón.
Ramanama no puede provenir el corazón a menos que uno haya cultivado las virtudes de la sinceridad, la honestidad y la pureza, tanto por fuera como por dentro. Todos los días, en las plegarias de la noche, se repetían los shlokas que describen al hombre de intelecto firme. Cada uno de ellos, decía Ghandi, podría convertirse en un shitaprajna - hombre de intelecto firme - si mantenía sus sentidos sometidos a una disciplina, comía y bebía y se permitía a sí mismo disfrutar y descansar con el solo fin de conservar su vida para servir. Si uno no tiene control sobre los propios pensamientos, si no le importa, por ejemplo, dormir en una habitación que más bien parece un agujero, con todas las ventanas y puertas cerradas, y respirando aire impuro o bebiendo agua sucia, su recitación de Ramanama no le sirve de nada.
Eso, sin embargo, no significa que uno deba dejar de recitar Ramanama con el argumento de que no posee la pureza requerida, pues la recitación de Ramanama es también uno de los medios para adquirir pureza. En el caso de un hombre que repite Ramanama de corazón, la disciplina y el control de sí mismo se le harán fácilmente asequibles. La observancia de las normas de la salud y la higiene se convertirán en su segunda naturaleza. Su vida seguirá un curso parejo. Jamás querrá dañar a nadie. Sufrir con el fin de aliviar el sufrimiento ajeno se convertirá en parte de su ser, y lo llenará de una alegría perenne e inefable. Que perseveren, por lo tanto -decía Ghandi- y que repitan incesantemente Ramanama durante todas sus horas de vigilia. Finalmente la harían suya aún durante el sueño, y la gracia de Dios habría de llenarlos de perfecta salud de cuerpo, mente y espíritu.
Nueva Delhi, 25 de mayo de 1946.

En el discurso pronunciado después de la plegaria Ghandi se refirió a varias cartas y mensajes de amigos que expresaban su preocupación por su insistente tos. Su discurso fue irradiado por radiotelefonía, como lo fue asimismo la tos que a menudo se le hacia muy molesta por la noche y al aire libre. En los últimos cuatro días, sin embargo, la tos se le había hecho menos molesta, y él esperaba que pronto habría de desaparecer del todo. El motivo de la persistencia de la tos fue que él había rechazado toda clase de tratamiento médico. El Dr. Sushila dijo que si él desde un comienzo hubiera tomado penicilina, hubiera estado perfectamente bien en tres días; de otro modo, tardaría tres semanas para salir bien. Ghandi no dudaba de la eficacia de la penicilina, pero creía también que Ramanama era el remedio soberano para todas las enfermedades y por lo tanto, era superior a todos los remedios. En medio de las llamas que lo rodeaban por todos lados existía allí la necesidad más grande de una ardiente fe en Dios. Sólo Dios podía permitir a la gente apagar el incendio. Si Él tenía que obligar a Gandhi a realizar una tarea, Él lo mantendría con vida; de otro modo, Él lo haría des­aparecer.
Acababan de escuchar el bhajan aquel en que el poeta había exhortado al hombre a adherir a Ramanama. Dios sólo era el refugio del hombre; por lo tanto, en la actual crisis él deseaba entregarse totalmente a Dios y no aceptar ayuda médica para una enfermedad física.
Nueva Delhi, 18-10-47

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